Hola, les habla Os. Quiero reflexionar sobre la diferencia en el plan y la realidad.

Faltan unos meses para las elecciones y les pedimos a los candidatos que combatan a la corrupción, uno propuso que se les corte la mano a corrutos y otros incluso le aplauden. En mi trabajo oficinista, se tiene que cumplir con todo; la ley y los procedimientos internos están mezclados, incumplir tiene hasta pena de cárcel, qué miedo.

Por otro lado, cuando el rey de España quiso aplicar las duras leyes, mejor nos independizamos los mexicanos. De vuelta a mi trabajo, se debe de cumplir tiempos de respuesta pero no hay personal ni está automatizado. También en mi trabajo, se necesita accesos al sistema y compartimos usuario, pese a que en cursos se nos dice que no se debe.

Cumplir es difícil y no hacerlo muchas veces no pasa nada. Es que la teoría es muy imaginativa y no quiere ver la realidad para partir de ahí. En ese escenario las diferencias entre el plan y la realidad, o gaps sólo tenderán a ampliarse.

Sin embargo se tiene beneficios en tener un plan: se puede de una sola vez vislumbrar los caminos fáciles y difíciles, para cuando se esté en difíciles circunstancias, tener la esperanza necesaria para soportarlo. Para mejorar el apego al plan, tanto tener la voluntad de acatarlo como hacerlo sencillo.

Con la ley es todo un tema. A veces no cumplirla no tiene la mayor trascendencia como cuando alguien fuma mariguana, otras veces mata a 43 niños. Hay quienes la quieren cumplir al pie de la letra, y otros que la desafían con alegría mexicana. Sin ser ni lo uno ni lo otro, se puede usar la ética para conducirse, entendiendo que la ley no necesariamente tiene relación con ésta.

Y así trato de asimilar las graves discrepancias externas de mi trabajo, y crear un plan para la mitigación del incumplimiento, sin irse con culpas ni tampoco soltarse y rendirse.

 

 

 

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